El consumo de agua con gas ha aumentado en los últimos años y no son pocas las personas que se preguntan si el burbujeo de este agua puede ser perjudicial para los dientes.

Hoy día muchas personas optan por el agua con gas en lugar de consumir refrescos carbonatados y zumos azucarados, tanto por gusto como para evitar los efectos nocivos de estas bebidas, que pueden provocar caries y desgaste dental, como consecuencia del exceso de azúcar y de su excesivo grado de acidez.

Pero el agua con gas, al igual que cualquier bebida carbonatada, también presenta una mayor acidez, lo cual puede llevar a pensar que también es dañina para los dientes. Mediante este artículo pretendemos dar respuesta a esta duda frecuente.

¿El agua con gas daña la dentadura?

Se han realizado estudios que demuestran que aunque el agua carbonatada es un poco más ácida que el agua mineral habitual, no afecta de manera significativamente diferente a los dientes. Por tanto, puede decirse que el agua con gas no perjudica a la salud bucodental.

Otra cuestión es que este agua no contenga el suficiente flúor, a diferencia de la del grifo. Por ello, si se consume agua carbonatada habitualmente, es conveniente cepillarse los dientes con una pasta fluorada y utilizar agua del grifo para cocinar y en parte también para hidratarse.

¿Todas las aguas carbonatadas son igual de seguras para los dientes?

No, debido a que algunas marcas de agua con gas añaden azúcar. Esto realmente las convierte en bebidas azucaradas, y por tanto no deberían considerarse como agua con gas, pero puede pasar desapercibido al consumidor. Por ello es recomendable fijarse en el etiquetado.

Por otro lado, si el agua tiene sabor a limón o a algún otro cítrico, conviene recordar que es probable que sea más ácida y por tanto aumente el riesgo de que sea perjudicial para el esmalte dental. Y lo mismo ocurre si se añade el cítrico manualmente mediante una rodaja.

En resumen

El agua con gas es una buena alternativa para reducir el consumo de refrescos carbonatados y zumos azucarados. Puedes disfrutar de ella con tranquilidad, ya que si bien es un poco más ácida que el agua normal, no se ha demostrado que dañe el esmalte de los dientes. Eso sí, evita que tenga sabores cítricos, comprueba que no tenga azúcares añadidos y recuerda tener alguna fuente de flúor en tu día a día.

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